Tengo que contarte ésto como sea. Estáte atenta.
Tengo que escribirte ahora mismo porque, aunque sé que tus circunstancias en este momento son completamente distintas a las mías (calores aparte) sé que aprobarías lo que hago y que llegado el caso, harías como yo. Si es que no te fuera posible hacerlo directamente conmigo.
Acabo de terminar otro de esos sábados de niñerismo, empeorado aún más si cabe por aquello del hospital que ha hecho que haya estado sólo con las infantas hasta las ocho de la tarde en que ha llegado ella, sin explicar porqué no antes o después. O sea, sin previo aviso. Tanto me conoce que le ha dado de inmediato por decir que iríamos a donde yo quiera, que qué quería hacer. Como no quiero morirme con fama de gruñón, le digo que sí, que nos vamos, que me voy a pegar una ducha y que arregle a las crías. Hoy lo del niñerismo ha sido más difícil de llevar por aquello de que es el sábado con el día más largo del año, ha hecho muy bueno y, como pronostiqué,hace una noche de vicio. Más de veinte grados ahora que son las 0,45.
Así lo hacemos, con cierta agilidad. A eso de las 20,45 estamos en el coche y casi telepáticamente pensando en ir al pueblo de nuestrosviajeros acompañantes en el que hay ambiente y demás. Suerte de biberón que llevábamos para la ocasión. Por si acaso...
Lo de allí bien sin más. Muchos lloros infantiles y cabreos y, por ello, mucha sensación de dar a la otra pareja un inmerecido coñazo...¡ a ellos que ya han superado este trance !.
Así que, pa casa tras picar algo.
Y aquí, al llegar, en la medianoche, viene donde sale mi alma de disfrutón . Esa que tanto me recuerda a tí y que nos pone juntos en eso de los buscadores del placer, de ese placer que está en las cosas posibles.
Mira: No lo he hecho nunca, nunca he estado aquí sólo a estas horas,pero ahora te escribo desde un exclusivo pub con conexión wi-fi, en el que sirven unos calimochos bien frescos y bien tiraos y donde el silencio reina sólo roto por algún ave nocturna (lechuza, supongo) y un lejano croar de ranas allá en el río que aún baja sonoro. Te aseguro, mi reina (y me sale del corazón llamarte así porque me siento mejor que un rey en el mejor sitio posible de este mundo y tú (y no otra)disfrutarías conmigo de ésto), te aseguro, decía, que daría parte de mi vida por sentir a mi lado a una mujer que disfrute de las cosas con las que yo disfruto, por tenerte a tí dándome tu aprobación a sentir este placer claroscuro, semirrociado, de bajo nivel de ruido y nada contaminado, en el que las estrellas se aprecian y se sueña con un hermoso día de mañana, con su playa y sus olitas.
Sé que estás leyendo esto y me estás diciendo: claro que sí, haces bien, te mereces disfrutar de algo tan simple como tu casa, tu sueño, tus pasiones, algo fresco... Y yo sé que no cometo delito alguno salvo el procurarme, una vez más, placer a mí mismo, cosa que, también como siempre, he querido compartir y, ¿sabes? también como siempre, he encontrado la misma respuesta "estoy hecha polvo, no puedo más, me voy a la cama",Síiii esa misma respuesta que se me da siempre, siempre, siempre, como si fuera la única persona de confianza a la que se encuentra a lo largo del día y que siempre obtiene ese tipo de frases aunque hasta cinco minutos antes haya visto que ella mantiene el tipo o incluso está pletórica.
Mira nena. Tú nunca me hubieras dicho que no a disfrutar ahora de lo mismo que yo. Puede que me llevases a tu huerto para que disfrutásemos de algo distinto. Pero juntos. Buscaríamos el placer juntos. Disfrutaríamos al tiempo de las mismas cosas.
Así que me siento reconfortado por estar haciendo algo que sé que te gusta, que me gusta, que nos gusta. Relajarnos. Disfrutar de una vida que nos sonríe y que no quiero que pase. Disfrutar del momento privado del día, aquel en el que los pensamientos fluyen sólos.
Dios... preciosa.. tendrías que estar aquí, en este silencio, en esta noche, en este rocío, con esta paz, con este amor. Ésto sí que es vivir. Querer vivir. Sentir la vida.
P.D.: Levanto la vista ahora y elevo la mirada en gesto de placer real por el disfrute de tal quietud y observo como al Sureste, precisamente al sureste donde tú estás ahora, y mientras te escribía, está amaneciendo una luna menguante preciosa que bien podría reflejarnos si es que ambos coincidimos en mirarla al tiempo y que ojalá te haya iluminado hoy mismo. De verdad siento cuanto te quiero y el bien que me hace compartir contigo mis mejores deseos. No te entretengo más.
Te quiero con locura.
Te quiero con certeza.